Ovalle. PDF Imprimir E-mail

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La vieja historia  de las Siete vacas gordas seguidas  de Siete vacas flacas que  nuestro profesor  don Alberto Zeballos grabó a fuego en las mentes permeables  de nuestros  doce años cuenta, sin quererlo , el sino insoslayable de nuestra ciudad aporreada por las sequías, violentada  por los terremotos , humillada  por las heladas y postergada por las preferencias  que ,las autoridades, otorgan a la regalona capital de la región.

La original comarca de casas de adobe quincha y adobones con techos de totora las mas que compartían espacio con otras  opulentas  cuyos propietarios mostraban su superioridad  económica  ocultando  la pobreza de su refugio con fonolitas ha crecido   entre las esperanzas de los años de lluvias generosas  y las penurias de los soleados y fríos  años secos.

El destino de quienes habitamos las márgenes del Limarí está fuertemente ligado a los designios del cielo y al misterio que oculta las riquezas mineras que trae, ocasionalmente, fulgores de riqueza.

Así ha sido la historia de nuestra ciudad. Oscilante, con impulsos y cargas que dependen de designios estelares  o azares geológicos.  Media entre ellos el empuje del  ser humano, que ha sabido sobreponerse a adversidades Homéricas. Entre los nombres a destacar no podemos dejar de otorgar un lugar de privilegio a don Arturo Villalón, hombre de imaginación feraz, voluntad de líder, criterio de estadista . Sus obras son grandiosas y es dable recordar que hizo ensayos de cultivos con cuanto vegetal útil al hombre se conoce.

Nuestros cerros se han vestido de esfuerzo productivo, gracias a la pujanza  inicial, de pequeños agricultores quienes han sido víctimas de un sistema que, implacablemente,  conduce al gigantismo empresarial. Las grandes empresas han acumulado la inmensa cantidad de cultivos exportables. Cuesta imaginar que esa forma de organización pueda ofrecer, al campesino sin capital y sin formación, un resquicio  que le permita superar su situación desvalida.

El Ovalle del futuro reside en manos que viven lejos de nuestros ríos. Muchos fuera de la frontera de la Patria y ellos no sentirán como propio el destino nuestro. Algo así  es conocido como colonia. Es de temer que formas coloniales de explotación estén, larvadamente, presentes en nuestra realidad.

Con la vista puesta en el bicentenario de la independencia, celebramos en este mes u nuevo aniversario  de nuestra  ciudad. En su transcurso ha conocido la magnificencia  de poseer la segunda maestranza de FF.CC. chilenos y la tristeza de presenciar su desmantelamiento .Tuvo, en el cerro Tamaya,  el yacimiento de cobre mas importante del país. Hoy día tenemos la mayor extensión de frutales de toda nuestra historia.  En algún momento desaparecerán. Nada es permanente y el espíritu de las naciones se fortalece al soportar  las frustraciones  pero la esperanza,  siempre, brilla y en nuestro futuro  habrá  momentos  luminosos y también obscuros simplemente porque así  es la vida ,esa vida que de vez en cuando produce Arturo  Villalones , que sabrán  ,en su oportunidad hacer florecer  de esperanzas, esta nuestra querida tierra.


Iván Ramírez Araya
Escritor